El vestuario del adivino

Scritto il 27/06/2026
da Antonio Muñoz Molina

Greenspan, como todos los sacerdotes del capitalismo, disfrazaba sus fraudulentos vaticinios con los rituales del oráculo

El vestuario y la escenografía han sido siempre decisivos para la credibilidad de esos individuos a los que se atribuye el don de adivinar el porvenir. Ahora que acaba de morir uno de los más fraudulentos del último medio siglo, el economista Alan Greenspan, nos damos cuenta de que sus vaticinios no habrían tenido tanto éxito sin el acompañamiento de sus ropajes y sus atributos rituales: el traje negro, la corbata funeraria, la cara de vejez perenne desde que era joven, las gafas de montura negra y cristales gruesos; y además el atril imprescindible desde el que predicar de pie, y el micrófono en el que su voz sonaría sobria y convincente, aunque también enigmática, con ese punto de vaguedad o ambigüedad que ya tenían en la Grecia antigua los dictámenes del oráculo de Delfos. En un libro muy bien escrito sobre el negocio y el fraude de la predicción a través de los siglos, Profecía, Carissa Véliz cuenta con detalle la atmósfera que encontraría un creyente al visitar el templo de Apolo en el que la Pitia, la sacerdotisa del dios, vestida de blanco y sentada sobre un trípode, en la penumbra de su cámara sagrada, entraba en trance para emitir las respuestas a las preguntas sobre el futuro que le traían lo mismo ciudadanos particulares que príncipes. El trípode de la Pitia estaba justo encima de una fisura en la tierra de la que emanaban vapores de origen volcánico. Desde los adivinos de Grecia y Roma hasta los pronunciamientos crípticos de los banqueros centrales y las artimañas secretas de los algoritmos de la inteligencia artificial, dice Véliz, el propósito de la predicción no ha sido el conocimiento, sino el poder.

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